Mi proceso creativo
La escritura no deja de parecerse a un collage. Un conjunto de significantes, diríamos que un conjunto de manchas en un papel que, con pretensión de sentido, espera la lectura atenta y necesariamente creativa del lector/espectador. Así, todo autor elabora un texto cuyo sentido final recae en ese lector/espectador. Elabora por tanto un pre-texto.
La creación del collage está gobernada por una sola intención: la satisfacción estética de la vista, la cual se cumple bajo un principio de cohesión arbitrario de las partes implicadas en la composición. En mi caso, sólo cuando dichas partes dejan de verse como tales, para formar un todo ante los ojos de cualquiera, entonces, doy por finalizado el collage. Y es este fin la condición de posibilidad de la propia obra, como obra de arte, pues es a partir de aquí cuando las infinitas miradas de los participantes, activos obligatoriamente, reviven, bajo construcción-reconstrucción constante el cuerpo inerte de la pieza.
Lo cierto es que en ocasiones tengo la sensación, cuando estoy elaborando un texto, de hacer malabarismo con las palabras. La mayor parte de las veces dejo que se me escapen en su acotación, a sabiendas de que habrá alguien que se enriquecerá del esfuerzo o del miedo de entender mi propia creación. Aquí se abre un terreno virgen difusamente señalado por mi... el texto se me escapa y rezagado, espera nuevas vías de sentido, dadas por un ávido, y siempre creativo, lector.